Belleza o terquedad
Nuestra lista de los coches más feos puede verse como un ejercicio discriminante e incluso insultante para algunos apasionados de clásicos como el Charger o el Safari.
En parte se puede considerar injusto pues en algunos casos no se contaban con muchas herramientas tanto de fabricación –gran cantidad de los primeros vehículos de producción masiva fueron fabricados en maquinaria vetusta- así como de cálculo, diseño y estilo, sin mencionar la escasez de materiales.
Eso nos hace ver que la ingeniería ha logrado un gran avance en términos de eficiencia y confiabilidad; sólo basta revisar lo que puede tolerar un coche de estos días. Pero todavía sigue pesando el lado humano del gusto, sobre todo en ejemplares recientes como el Aztec o Multipla. Es sorprendente que a pesar de la existencia de escuelas, información y mucha crítica constructiva, todavía existen “creativos” y directivos aferrados a su idea e insisten en crear un vehículo tan especial que al final sólo a ellos les gusta. Afortunadamente el mercado les cobra caro su empecinamiento: las ventas son muy malas y ese es el primer rubro que debe cuidar cualquier gerente que se precie de su trabajo.
Ello comprueba que el concepto de belleza es muy relativo y depende de cada región así como de la formación de los individuos. No importa que las matemáticas y estudiosos hayan encontrado fórmulas y proporciones para crear un armonioso balance de formas y tamaños. La decisión final queda en el simple pero definitivo “me gusta” o “no me gusta”.
En fin, seguimos siendo humanos y tenemos que cargar con nuestros errores de apreciación y falta de visión. Para fortuna de todos, estos responsables de la elección aciertan la mayor parte del tiempo. Pero cuando no, el escándalo acompaña toda la vida al responsable.
Hay penitencias que duran toda la vida.
Por Gilberto Samperio Islas, Coordinador Técnico Automóvil Panamericano