Hace poco un lector nos hacía la observación de que en nuestro país la lista de equipamiento era limitada o “paqueteada” por responsables de la marca que basaban sus decisiones en estudios de mercado no tan fidedignos. Y comparaba las posibilidades de elegir los elementos al gusto personal en países como Estados Unidos o Europa. Muy buena observación y ácido comentario sobre la menor importancia que prestan las marcas a nuestros consumidores.
Por el otro lado, nuestro amable lector no tenía en consideración un punto importante: A pesar de la multitud de marcas hoy disponibles en nuestro mercado, sigue siendo pequeño frente a otros más avanzados. Nuestro consumo apenas supera el millón de unidades por año, mientras que en Estados Unidos, con todo y recesión, rondará los 15 millones.
Es cierto que las economías no son comparables, pero otros mercados emergentes como Brasil o la India nos superan sensiblemente. Por otro lado, no contamos con una infraestructura y logística que facilite el pedimento de coches con equipamiento al gusto. Y si a ello le sumamos que el deseo de compra en México es inmediato, no tendría éxito, hoy por hoy, una gestión que obligue a una espera de semanas o meses para recibir el vehículo tal cual lo escogimos. Es cierto que algunas marcas ofrecen elección en la lista de equipamiento, pero están lejos de lo observado en mercados avanzados.
Así, pues nos falta crecer un poco más para acceder a esas casi infinitas posibilidades de tener el coche a nuestra entera satisfacción. Hay que conformarse con lo que tenemos y ser más pacientes, que deberán llegar mejores tiempos en atención al cliente, quién manda.
Por Gilberto Samperio, Coordinador Técnico Automóvil Panamericano
Tras revisar el último reporte de ventas de AMIA, queda claro que se nos avecina una crisis de mediana intensidad e impredecibles derroteros. Cierto que hay una desaceleración en ventas, aunque siendo honestos si los comparamos con los porcentajes de nuestros vecinos norteños, califica de suave o progresiva. Pero apenas es el comienzo de una dura prueba para nuestro mercado interno. Las cifras son buenas a secas y la producción luce bien, sin debilidades mas nos falta sentir el coletazo del enorme monstruo estadounidense; al parecer no tan violento gracias a una economía blindada y un mercado interno relativamente saludable de nuestro país.
Lo triste del caso es que nuestro propio gobierno propició esa pequeña debilidad con la libre importación de chatarra –por lo menos en su origen casi califica como tal si nos enteramos de los ridículos precios en que se consigue-.
Si nuestro anterior presidente no hubiera cedido a presiones políticas ni a buscarse la aceptación de muchos para ganar popularidad, quizá hoy nuestro mercado tendría datos mucho más optimistas, por lo menos en el rubro de ventas tanto de nuevos como de usados.
Lamentable, estamos pagando hasta ahora las consecuencias de una decisión política sin visión ni precaución. Sólo resta confiar en la fortaleza de nuestra economía. O como dicen en mi pueblo, con que aguante la reata hasta que se rompa la piñata. Ojala resista.
Por Gilberto Samperio Islas Coordinador Técnico Automóvil Panamericano
Hace unos días tuve la oportunidad de aprovechar un par de semanas de vacaciones, una de las cuales fue disfrutada ampliamente en Acapulco. Como había rumores de que la autopista estaba muy dañada y que el costo de peaje era alto, decidimos en familia irnos un poco a la aventura y otro tanto por economía por la ruta sin costo, mejor conocida como libre o federal.
En realidad fue toda una experiencia entre dolorosa y fresca. En el primer caso, porque el tiempo para arribar a la conocida bahía es tremendamente largo. No hay tanto tráfico como antes pero la sinuosa orografía impide ritmos consistentes. A cambio, se tiene una vista muy gozosa, con mucho verde y paisajes tan cambiantes como primitivos. En este sentido es un aliciente para quienes amamos la conducción porque con tantas curvas y buen asfalto en la mayoría de ellas, todo fue un deleite.
Lo triste de esta experiencia es que siendo Acapulco un destino tan socorrido por tanta gente –no sólo del país también hay buen porcentaje de extranjeros-, la autopista siga siendo el caro y malhecho trabajo de una administración que presumía modernidad.
Hoy, las reparaciones son tan costosas que se habla ya de una duplicación en inversión sobre el valor de la misma autopista.
Ay nuestro México. Qué pasaría si se las cosas se hicieran bien y a la primera para que ese gran proyecto realmente ayudará a una ciudad que todavía tiene gran atractivo para muchos mexicanos.
Creo que es utópico esperar cambios en el mediano plazo, pero no imposible. Ojala ocurran aunque no sea pronto.
Por Gilberto Samperio Islas Coordinador Técnico Automóvil Panamericano