Octubre 21, 2008

El trabajo perfecto

Categoría: Sin categoría motorpress1 - 11:02 am

No es lo acostumbrado en el blog, pero espero les guste.

En los parámetros comunes de la industria, un cambio medio o midchange normalmente alcanza sólo la apariencia más evidente como el frontal o la trasera; en el mejor de los casos, optimiza trenes de suspensión o estrena motores. Para Porsche, el cambio medio significa un poco más, tal como ocurre a quien desea un 911 y no un deportivo racional tanto en términos de costo como de utilidad.
Es verdad, ya tuvimos la fortuna de conocerlo y manejarlo en su tierra de origen (AUTOMÓVIL 163), pero siempre surgen oportunidades escasas, de esas que desaprovechadas lamentaremos toda nuestra vida. Y yo no pensaba llorar en las noches de insomnio semejante perdida.
INVITACIÓN
De manera inesperada, casi imprevista surgió la sugerencia de nuestro sonriente director, Fernando Carrión. “Gilberto, ¿cómo andas dentro de dos semanas?” Le contesté con cierto desinterés, pues no tenía muchas ganas de viajar tras un cierre medio pesado. “Tranquilo, sin compromisos”. A lo que me dijo en tono informal pero discreto, “¿Te gustaría probar el nuevo 911 en Estados Unidos? Incluye manejo en pista.”
De inmediato dije sí, pero controlando los nervios de la emoción al apretar mis mandíbulas, pues no deseaba crear envidias, presunciones injustificadas o mal entendidas.
Ya saben, en el periodismo hay oportunidades que pueden perderse por simplemente comentarlo con el personaje menos adecuado de la oficina.
Afortunadamente, transcurrieron los quince días sin sobresaltos ni cambios, salvo un certero intercambio de correos electrónicos para afinar detalles del viaje, de si soy vegetariano o si padezco alergias de algún tipo.
Imaginen, un periodista veterano con alergias que le impidan cubrir su trabajo. Si existen, deben ser casos excepcionales, sobre todo porque en esta profesión se ven y prueban tantos cosas que no siempre el estómago y mente mejor entrenados en las defeñas calles puedan soportar.
EL ARRIBO
Tras un ligero retraso, por fin llegó a Salt Lake City. Un atardecer limpio y espectacular me recibe desde el avión. Mentalmente empiezo a practicar el inglés turístico y buscó quien me llevará al hotel. Un simpático chofer de pronta atención me guía a su camioneta y me traslada. Breve charla sobre los tópicos de moda en Estados Unidos: la próxima votación presidencial y la catastrófica situación económica. Sinceramente, en esa parte del vecino país parece que no se han enterado del caos porque todo luce igual y dispendioso que siempre.
Ya en el hotel, corro para atender la cena y el contacto con los responsables de Relaciones Pública de Porsche Cars de Norteamérica. Amables como siempre, agradecen mi presencia y me recuerdan el horario de arranque, perdón inicio de la agenda: 7:30 de la mañana, desayuno y presentación del 911.
ARRANQUE
Bonito lugar, con unas cabañas estupendas, de nivel Premium. Honestamente, pocos lugares tan memorables como este Hotel de Park City. Superado el trance alimenticio, nos desmenuzan a detalle todo lo nuevo de este 911. Cierto, físicamente no hay cambios fuertes y la novedad más interesante, la transmisión secuencial de doble embrague y siete velocidades, mejor acotada como PDK, junto a la inyección directa, sonaban muy bien en la presentación con animación incluida. La cortesía obliga a esperar indicaciones, pero las manos ya me sudaban y no precisamente por el calor, pues el ambiente era fresco, pleno otoño norteamericano.
PRIMEROS PASOS
Afuera del hotel, seis 911 en verde olivo esperaban aletargados. Últimas indicaciones, rutómetros sencillos para llegar al autódromo Miller Motorsport Park –sí, rutómetros de la vieja escuela pues a pesar del novísimo sistema de navegación del 911, todavía no tenía lista la actualización para Estados Unidos-, y escoge a tu compañero. Afortunadamente, me tocó un camarógrafo que medio habla español y yo con mi medio inglés, apenas completábamos una pareja medio entendida, que no disfuncional y algo divertida.
Una hora después, con el obligado cambio de conductores, llegamos a la zona de la diversión. Este autódromo parece más sencillo desde fuera, pero por dentro sus instalaciones son envidiables. Lo mejor: no es la típica pista que apela al tradicional óvalo tan extendido en todo el sur norteamericano, sino que el trazado es sinuoso, con varias curvas cerradas, algunas de doble ápice e incluso una ciega en ascendente que lleva a una quebrada muy interesante. Lo mejor, una recta donde el 911 logra los 200 km/h; todo acomodado en una longitud total de 7.2 km o 4.5 millas. Escenario perfecto para un deportivo como el 911.
LA CATARSIS
Como siempre, primero una sutil pero fuerte recomendación de seguir las órdenes de nuestros copilotos y guías, casi todos gente del mismo autódromo con un excelente dominio de la pista. Me tocó uno de ellos, un veterano conductor que en la primera vuelta me llegó a confundir un poco con su asesoría-regaño; siendo honestos, su experiencia me hacía sentir como un novato en varias de las acometidas en las curvas. Y es que sólo eran dos vueltas por cada uno de los cinco 911 dispuestos, de los cuales dos eran manuales para comparar las virtudes de la PDK. Por lo tanto, no había mucho chance de ensayar.
No obstante, la oportunidad de sentir a fondo este 911 fue única. El Porsche siempre ha sido un auto deportivo en serio; su casta viene forjada por la dureza del circuito asfaltado y su esencia, aunque matizada por los tiempos de hoy, aflora en cuanto la suavidad a los mandos es superada por los manoteos o malas interpretaciones.
“Bring to curve, bring to curve”, me gritaba mi guía al tomar la curva más abierta de lo esperado. “Keep wide, keep wide” me volvía a decir en tono severo cuando cerraba la dirección más de lo esperado. Sin duda, la pista es un escenario muy exigente tanto para la máquina como para el hombre común, sobre todo si apenas empieza a conocerla alguien como yo, de aprendizaje progresivo.
“Make your shift more smooth. Don´t smashed the gears”; acusaba mi muy rápida inserción de engranajes al realizar el punta-tacón como acostumbro en pista. Nuevamente, la observación era de que no hay que castigar a la máquina, porque se trata de gozarla y que la intención era comparar con la PDK, no calificar para la carrera del domingo.
Tras ese primer contacto con el 911 manual, toca el turno de la PDK. Nuevamente, la primera vuelta sucede sin alterar el modo normal; tampoco hay que cambiar velocidades, como si fuese una prueba de cajas automáticas. Lo sorprendente es que en este modo, la PDK realiza los cambios de manera suave incluso si pisamos a fondo. Los giros son más lentos, consecuencia del estadío normal impuesto por mi guía, ya que todo el sistema interpreta como conducción citadina.
Superada la primera vuelta, puedo activar el modo Sport y las cosas ocurren de una manera más efectiva. No hay que pisar el acelerador a fondo; basta superar media carrera para que la PDK realice cambios por sí sola. También si la frenada es intensa, la PDK hace el cambio descendente con piquete de gas incluido, lo que deja menos trabajo al conductor. Todo transcurre con una rapidez y suavidad que pareciera más un coche eléctrico que un venerable 911.
En la tercera ronda, viene lo mejor; el 911 con PDK y el programa Sport Plus activado. En este punto ocurre una transformación; surge el 911 de carreras, cuyo temperamento resulta más visceral e inmediato cual fiera entrenada para devorar asfalto y cortar curvas por su bordillos como si fuesen tentadores pastelillos rojiblancos.
En este tenor, la caja reacciona con una prontitud tal que realiza los cambios con empujón incluido que induce un apreciable cabeceo. Quizá castiga un poco los engranajes aunque según los responsables todo está perfectamente calculado. Al fin alemanes.
En la segunda vuelta, ya puedo usar los pulsadores o la palanca para cambiar. Como bien apuntaba Carlos Sandoval, los botones no son lo más fácil de operar cuando atacamos una curva y el volante está girado más de media vuelta. Además, su pulsada no resulta tan intuitiva y en ocasiones hay que revirar para ver si alcanzamos al botón. Es posible que su diseño corresponda más a la nostalgia de aquella Tiptronic -o necedad interna-, que aprovechar cualquier sistema de manetas tan extendido en muchos coches de pretensiones deportivas.
Pero salvo ese detalle, este 911 es puro nervio en la fase de Sport Plus. Incluso al término de las cinco rondas estipuladas, pudimos hacer unas vueltas a fondo con los pilotos. Tuve la oportunidad de ir con Patrick Long, un corredor joven de manos diestras y con experiencia en categorías como American Series y Le Mans. La primera muestra fue un arrancón, para lo cual se activa de manera automática el modo Launch pisando al mismo tiempo freno y acelerador, siempre en modo Sport Plus. El boxer sube a 6,000 rpm y se mantiene. Patrick libera el freno y una tremenda patada me repliega contra el respaldo. Brama el motor con su característica borboteo y la PDK empieza a engranar velocidades tan rápido que sólo son percibidas por los brincos que ocasiona el empuje del torque a su máxima expresión. Al terminar la recta, ya rozábamos los 180 km/h.
Pero la diversión apenas comenzaba. Una curva a izquierda de giro medio amplio y escaso peralte, obligaba una frenada casi a fondo. Después, toda una transición de giros, algunos con el eje trasero descolocado que a veces sabían a drifting, y rectas cortas muy rápidas, elevaban el pulso. Mi boca seca y las piernas firmemente apoyadas en el piso contrastaban con la increíble agilidad y precisión de movimientos de Patrick y esa facilidad para corregir el coche incluso cuando se percibía de lado, demuestra que los verdaderos pilotos saben su trabajo: exprimir el máximo de un auto, sobre todo con alma de carreras.
Ya con la tarde encima, sólo quedaba regresar al hotel, para lo cual quedaba una ruta muy interesante, donde más que ir veloz y exigido, la premisa era disfrutar los paisajes de la heterogénea periferia de Salt Lake City. Y lo hicimos.
Así, Porsche no reinventa el deportivo ni las cajas secuenciales pero perfecciona y pule sus más que conocidos motores y sistemas de control. Cierto, puede parecer que llega tarde a la fiesta de las innovaciones pero lo hace de manera consistente y envidiable en algunos puntos. Porsche sigue su propio camino.

Por Gilberto Samperio, coordinador técnico, AP

Octubre 13, 2008

Un medio Salón

Categoría: Sin categoría motorpress1 - 2:50 pm

Recién ocurrió el SIAM y empezaron los correos criticando a esta exposición de nuestra industria automovilística. No todos están conformes, quizá porque los medios tendemos a exagerar. Otros están conscientes de que falta por crecer, en lo cual concordamos plenamente.

En lo personal, creo que este Salón fue un alivio para aquellos que amamos los coches a pesar de las serias divergencias existentes entre las marcas y su asociación, la AMIA. Porque muchas de las consecuencias apreciadas en la exhibición recaen directamente en las marcas y su diversidad de premisas, lo que explica la ausencias de firmas como BMW o Honda. Pero en parte también nosotros como público asistente tenemos nuestra parte; tan sólo en una vuelta al Salón, los coches que más atención recibían no eran los más recientes modelos a concursar en nuestro mercado, sino los espectaculares autos –usados por cierto- de un distribuidor especializado en esta clase aparte de vehículos.
Lo curioso es que el área confinada de los clásicos –un “parche” de emergencia ante la caída de un autoconstructor-, también gozaba de mucha admiración de la gente.

Lo anterior nos hace dudar ¿cuál es el verdadero atractivo de un Salón dónde las marcas presentan los más nuevo si el consumidor y asistente prefiere tomar fotos y admirar vehículos que nada tienen que ver con su propósito de exhibición de la industria?
Es cierto, faltan marcas y la organización todavía tiene pendientes internos por resolver. ¿Y nuestros automovilistas? ¿Dónde queda la cultura por conocer lo nuevo si seguimos deslumbrándonos por coches de hace tiempo?

Sin duda alguna, tenemos mucho por crecer y no sólo nos referimos al Salón, sino a que como espectadores de una reunión anual o bianual debemos ser congruentes con lo que pedimos. Si no, mejor ya no pensemos en un Salón, sino en una propuesta más comercial y honesta como ocurre con Huixquilucán o las ferias de ventas de autos. Porque es muy probable que tengamos el Salón que merecemos.

Por Gilberto Samperio, Coordinador Técnico Automóvil Panamericano