La caída en la extracción del oro negro de la cuenca de Cantarell confirma sospechas ya hace tiempo gestadas: nos estamos quedando sin el principal aporte de ingresos de esta república en semidesarrollo.
Suena triste, que con tanto potencial descubierto hace unas décadas, ya estemos en la consideración de que no falta mucho para que se acabe la llamada riqueza del subsuelo. Todavía nos queda lo del famoso hoyo de dona, pero dada la insuficiente reforma petrolera, nos quedaremos, otra vez, en el ya merito.
Ahora, sólo nos queda redirigir nuestros esfuerzos a aprovechar los últimos veneros oleosos para que demos el arranque de una nueva economía basada en tecnologías de combustible alternativas. Porque el plan anticíclico del actual gobierno busca paliar la severa caída de empleo mediante un fuerte impulso al programa de infraestructura, principalmente el carretero. Eso está muy bien. Pero de qué servirá colocarse en un nivel decente de urbanización si el mexicano promedio ya no contará con un combustible nacional de precio decente para entonces. Para que tanta inversión si al final la gente no podrá aprovechar toda esa red de carreteras y vías modernas.
Es una terrible paradoja de que siendo una potencia petrolera, en un decenio sólo seamos una nación sometida por sus propios errores al vaivén de los grandes imperios económicos y políticos.
Parece que ahora sí se hará realidad el sueño de ser una república bananera gracias a que nos acabamos el petróleo y ni siquiera provecho le sacamos. Sólo para unos cuantos, como casi siempre ha sido la historia de este México.
Por Gilberto Samperio Coordinador Técnico AP.
Pudiera parecer un título de una película de adolescentes desatados en pleno verano. Pero no. Así se puede calificar a esa minoría de automovilistas causantes de muchos males en las ciudades donde nos tocó vivir. Quien no ha sufrido la descarada invasión de su carril por parte de un apurado, cuando la densidad del tráfico obliga una mesura en el paso y éste “valiente” sólo se hace entender mediante amagos vehiculares. Lo malo es la tensión y la posible represalia que puede darse, lo que todavía agrava la de por sí pesada situación. No cabe duda, siempre existirá gente de cero educación, que ni siquiera usa las direccionales para marcar la salida o el cambio del rumbo, lo que obliga estar preparados para todo y en cualquier momento. Muy pesado, nada recomendable para una vida saludable.
Todo ello es una consecuencia de la inexistencia de programas formales de conducción. Muchos de los que conducen en este país apenas comprenden las señales de tránsito y su gama de colores; pudiera alegarse daltonismo vial pero en buena medida es culpa de los gobiernos estatales pues en ellos recae esa responsabilidad. Cierto, hay excepciones donde el examen para acceder a la licencia es obligatorio y demanda un mínimo de conocimientos. Pero en la mayoría de las veces, sólo hace falta pagar y cumplir un par de requisitos para obtener tan deseado documento; la licencia de manejo.
Lo triste del caso es que la historia se repite de padres a hijos, siendo los muy pocos los realmente preocupados por enseñar lo mejor posible el mínimo de conducción y comprensión de la información vial.
Hoy, en medio de esta recesión, podría considerarse irrelevante la exigencia de cursos de manejo y una preparación adecuada para conducir un vehículo que en promedio pesa más de una tonelada y puede rodar a 100 km/h sin problemas…aunque su impacto sí los genera. Y es que con la caída de ventas, hoy por hoy sólo vale la pena esperar más tiempo para comprarse un auto. Sin embargo, debido a la tremenda inversión que ocurrirá en tema de infraestructura carretera, habrá más lugar para más coches. Y la gente sigue prefiriendo el auto antes que el transporte público. Es tiempo de un cambio antes de que nos vuelva a ganar el exceso de automóviles, justo ahora que la demanda ha caído un poco y que pueden establecerse criterios más congruentes con nuestra realidad automovilística.
Por Gilberto Samperio Coordinador Técnico AP
El anuncio de que Fiat apoyará en términos de tecnología y distribución comercial al grupo Chrysler para justificar el salvamento que condicionó el gobierno estadounidense sólo hace evocar la memoria y la sabiduría popular.
Hace 20 años, Chrysler estaba en pleno apogeo y su vitalidad le permitió adquirir por algún tiempo a la reconocida firma italiana Lamborghini. Del mito aprovecharon parte de la tecnología ya que el segmento de los superautos no encajaba muy bien con las premisas generalistas de una firma entonces llevada por un casi héroe Lee Iacocca.
Lo curioso es que hoy los papeles se han invertido. Fiat, firma italiana que ha podido renovarse en serio porque su crisis ocurrió algunos años atrás, hace el endoso necesario que le dará respiro a una Chrysler agotada tras el ruinoso matrimonio con la alemana Daimler. Claro, el intercambio no fue gratuito pues Fiat se queda con el 35% de las acciones de este soberbio industrial norteamericano, cuyas mejores ventas recientes ocurrieron gracias al embrujo de los motores de gran cilindrada y apellido Hemi, que en vez de progreso apuntaban a rememorar un pasado inspirado en las nostalgias retro de este siglo apenas iniciado.
Nuevamente faltó estrategia de largo plazo y visión progresista; sólo importaron las cifras inmediatas y la espectacularidad para vender. Hoy, la crisis ataca a las empresas más grandes y Chrysler otra vez camina por el filo del desfiladero y casi cae. Sin la ayuda del grupo italiano, posiblemente ya hubiéramos asistido a la despedida definitiva de esta gran compañía que perseguía objetivos caducos en términos de eficiencia.
Cierto, el furor del mercado mandaba, hasta que llegó la crisis hipotecaria. Si esta última gran oportunidad no es aprovechada por el grupo Cerberus, muy posiblemente estemos ante el último pataleo del ocaso de una compañía que ha demostrado innovación pero sin asegurarse el porvenir. Y eso ya no es progresista, sino demasiado futurista.
Por Gilberto Samperio Coordinador Técnico Automóvil Panamericano
Tras una breve revisión al plan anticrisis que el presidente Felipe Calderón, resulta evidente que los apoyos locales a la industria mexicana están claros y la verdad son de aplauso. Sin embargo, todavía no son suficientes si queremos ver que el país no sólo necesita fondeos de emergencia para solventar una crisis que en esta ocasión no fue propiciada por nuestras autoridades o yerros de nuestros banqueros.
Además de los apoyos en urbanización y ciertas prebendas para los empleados en el sector manufacturero del ramo industrial automotriz, sólo falta un empuje más decidido al mercado interno. Esto no quiere decir que el gobierno debe liberar dinero para la adquisición de vehículos. Lo ideal es que propicie el ambiente financiero para que la gente acceda a un automóvil, de preferencia de fabricación nacional, con tasas más sensatas y porque no, hasta un plan de descarte de la chatarra vehicular que todavía circula en buena parte del país. Incluso puede abanderarse la causa ecológica para tener un alcance todavía más pleno.
Si somos planificados, podría ser hasta el establecimiento de una nueva industria nacional enfocada a los autos del futuro, cuyos medios de propulsión deberían ser superiores al actual uso de la gasolina.
Cierto, soñar no cuesta pero la oportunidad de crecimiento y encarar el futuro con innovadoras propuestas es quizá la única solución para salvar el paso del semidesarrollo en que todavía estamos inmersos.
Gilberto Samperio Islas, Coordinador Técnico Automóvil Panamericano
Este inicio de año ha resultado un serio contraste de acontecimientos ya previstos. Con la debacle financiera casi a punto de matarlos, dos de las tres autoconstructores estadounidenses –GM y Chrysler-, salvan la transición del año con el soporte económico del gobierno estadounidense. Ford puede solventar el paso gracias a unas finanzas más saludables y movimientos acertados aunque todavía acotados.
Lo triste de la historia es que esta coyuntura obliga no sólo a los grandes fabricantes a redimensionar sus operaciones, sino a que el fantasma de la extinción amenaza a marcas tanto tiempo defendidas como Saturn o Dodge. Y en el resto del mundo también aplicará esa premisa para otras firmas, como lo comprueba la velada amenaza de Porsche en incrementar su participación en el grupo VAG durante 2009.
Del otro lado, los precios de las materias primas han caído a niveles insospechados. ¿Quién hubiera apostado hace un año que el barril de petróleo rondaría por debajo de los 50 dólares? Ni hablar del acero, cobre y otros materiales.
Sin duda alguna, esta dura transición económica servirá para retomar algunas cosas del pasado como precios más razonables, pero también induce cambios muy fuertes que implican la eliminación de firmas ya arraigadas en la mente del consumidor.
Estamos en una época de verdadero renacimiento y no sólo porque empieza el año; inicia una nueva era para el automóvil, por lo menos en el orden comercial y estratégico. Ah y no nos olvidemos del nuevo imperio de Asia; para China, esta puede ser su oportunidad dorada para colocarse por delante del resto del mundo, sobre todo en el mercado tan competido del automóvil. No hay que perderle la vista.
Gilberto Samperio Islas Coordinador Técnico Automóvil Panamericano